martes, 14 de abril de 2009

Relatos Gays - EL JOVEN DEL LEJANO ORIENTE

Gay. Un encuentro con un muchacho muy atractivo que había puesto un aviso buscando un hombre como él.



Soy un hombre de 50 años, bisexual, casado que siempre busca en los avisos

de la web para encontrar personas similares a mi a fin de tener encuentros

sexuales de puro placer sin ataduras, ni mayores complicaciones, ni

trascendencia.

Hace unos días revisando la página local había un aviso de alguien

que buscaba un hombre cuyo perfil se ajustaba perfectamente a mi. El aviso

lo había colocado un joven de 19 años, lo que en otra ocasión hubiese hecho

descartarlo. No tengo nada contra los jóvenes, sólo que resulta muy

comprometedor que te vean en la calle con un muchacho que puede ser tu hijo.

Sin embargo, en esta oportunidad había un detalle que llamó mi atención, era

un joven con rasgos orientales ya que es descendiente de japonés y

venezolana. Debo decir que siempre he sentido una debilidad por los hombres

japoneses, tal vez sea que son muy diferentes a mi ya que yo soy más del

tipo oso, o por lo inusual ya que la colonia japonesa en Venezuela es muy

escasa.



Le escribí y casi de inmediato contestó. Se llamaba Jaime, hijo único, y

estudiante del último año de bachillerato. Esto más lo complicado de mi

agenda limitaba mucho la posibilidad de un encuentro. Le di el número de mi

celular y quedamos que me llamaría tan pronto él encontrase una oportunidad

para conocernos.

Pasaron varios días hasta que llamó cerca de las 6:00 pm de un jueves

diciéndome que sus padres habían salido y que si quería podía ir a su casa.

La idea me asustaba ya que no estaba en mis planes ser encontrado en la cama

con un muchacho. Pero eran tantas las ganas de conocer a mi

japonesito que me dirigí de inmediato a la dirección que me había dado.



Se trataba de un pequeño edificio de tres pisos con un apartamento por piso,

Cuando llegué una figura desde el tercer piso me hizo señales de que ya

bajaba a abrirme la puerta. Yo tenía miedo de lo que me iba a encontrar ya

que Jaime no se había querido describir físicamente. Me imaginaba que era un

moco, una loca soltando plumas por todos lados, o tenía un pene minúsculo.

Pues no, resultó ser de lo más atractivo, tenía esos ojos orientales

que tanto me perturban parcialmente escondidos

detrás de unos lentes correctivos de montura muy moderna, medía como 1,75m y

se podía ver que debajo de la sudadera había un buen cuerpo. No mostraba

tampoco ningún amaneramiento, así que seguramente su problema era de pene.

No había duda, debía tenerlo como dicen que lo tienen los hombres de su

raza.



Subimos las escaleras hasta el ultimo piso, yo estaba decidido a hacer de

todo con él, sin importar su edad, ni el tamaño de su pene. Al llegar al

tercer piso Jaime me echo un balde de agua fría cuando me dijo que no

podíamos entrar en su casa porque en ella estaba un tío enfermo que no se

podía parar. Yo estaba tan caliente que no pensaba perder la oportunidad de

finalmente tener algo con un japonés (o medio japonés como en este caso).

Así que en el entrepiso entre el 3er piso y la azotea me le acerqué y empecé

a abrazarlo y besarlo apasionadamente.



Estaba ávido de saciar mi curiosidad sobre su pene, así que no esperé en

bajar casi de inmediato a su encuentro. Oh! nueva sorpresa, su pene no era

como lo imaginé, tenía como 16 cm de largo, era más bien gordo, y la piel

parecía seda oriental. Pero más que el tamaño lo que me llamó la atención

fue lo perfecto que era. Glande rosado y redondeado, tronco duro como una

piedra y todo apuntando al cielo. Es uno de los penes más hermosos que yo he

visto, y vaya que he visto penes en mi vida.

Había en él un detalle que me perturbaba, me trataba de \"usted\".

Usted quiere que le desabroche el pantalón?, Usted

quiere que lo bese?, etc.



Resultó ser un jovencito bastante novato, trataba desesperadamente de

bajarme los pantalones sin mucho éxito, creí que me iba a romper el cierre

en el intento. Por su forma de besar casi puedo apostar que era una de las

primeras veces que lo hacía. Finalmente bajó mis pantalones y sacó mi pene

totalmente erecto, sus labios dejaron salir un que grande!. Me

confesó que era el segundo pene erecto que había visto en su vida, y que

nunca sa había imaginado que iba a mamar un pene de ese tamaño (18cm). Se

arrodilló hasta que mi pene quedó a la altura de su boca, poco a poco se lo

fue metiendo y yo suavemente iba dirigiendo su cabeza con mis manos. Resultó

ser un buen aprendiz, al poco tiempo no necesitaba más guía, engullía mi

pene y apenas dejaba un poco sin abarcar. Me llegó a calentar tanto que tuve

que hacer esfuerzos para no eyacular en su boca.



Yo no pensaba dejar desatendida la hermosa y gruesa paloma de Jaime, así que

lo fui llevando poco a poco hasta que se sentó en las escaleras. Allí pude

contemplar de nuevo esa hermosura, aunque no por mucho tiempo porque muy

pronto estaba dándole una mamada fenomenal. Jaime gemía, temblaba, y no me

pude todo lo que quería a su pene ya que el chamo estaba a punto de acabar

en cualquier momento y yo tenía intenciones de que siguiéramos gozando un

poco más.



Nos paramos y nos entregamos de nuevo a una sesión de besos y abrazos. Yo le

propuse penetrarlo pero le daba miedo el tamaño del mío, así que pasamos a

mi. Le puse el condón que había comprado camino a su casa, me incliné un

poco para facilitar su entrada. El se puso en posición y me lo metió de un

solo trancazo, no pude evitar lanzar un quejido. Sacó su pene mientras con

voz de susto decía Ay Señor, discúlpeme pero no tenía intención de

causarle daño.

Lo tranquilicé diciéndole que el quejido era de puro placer, así que de

nuevo le expuse mi culo y él diligentemente me lo metió. Que ricura, saber

que esa hermosa herramienta esta haciéndose camino dentro de mi ano. Jaime

no lograba encontrar el ritmo adecuado, así que yo lo hice apoyarse de la

pared y empecé a culear hasta que logré sacarle toda la leche.

Me volteé y él me empezó a masturbarme con poca destreza, pero el grado de

excitación que tenía fue suficiente para tener una tremenda acabada en que

cayó en su cara y llenó sus manos. Con mis dedos retire parte del semen que

llenaba su cara y chupé mis dedos, luego los volví a llenar con mi semen, y

esta vez fue él quien probó mi semen. Era genial verle oler y probar mi

semen como si fuera algo raro, pero lo más genial fue ver que esa maravilla

que tenía entre sus piernas volvía a tomar tamaño (nada como tener 19 años).



Así que empezamos de nuevo, yo me apoyé sobre los escalones y abrí mis

piernas para que pudiera penetrarme de nuevo. No había terminado de tomar

posición cuando él volvió a metermelo de un solo trancazo, sólo que esta vez

mi ano estaba plenamente dilatado y entró sin causar dolor. Fue tal la

cogida que me estaba dando que eyaculé sin casi tener que tocarme mi pene,

él por su parte acabó lanzando una gran grito de satisfacción.

Creo que fue en ese momento en que nos recordamos que estábamos en el

descanso de la escalera de su casa con los pantalones por los tobillos, mi

camisa desabotonada, su sudadera por el piso, y ambos completamente sudados.

Esta situación hizo evocar mis inicios con mi primo, también en una escalera

hace muchísimos años.

Apresuradamente nos acomodamos lo mejor que pudimos y bajamos para que me

abriese la puerta. Lamentablemente, aunque hemos intercambiado mails no ha

sido posible cuadrar un nuevo encuentro, aunque sea en unas escaleras. Al

menos tengo la satisfacción de haber cumplido con fantasía de tener algo con

alguien del lejano oriente.



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